Los vehículos para llegar a la consciencia son incontables, pero uno de los más poderosos, es el proceso de comunicación. Una manifestación del Ser, que nos exige determinar con quién hablamos, qué le decimos, por qué, y más importante aún, para qué lo decimos. En pocas palabras, el expresarnos, nos exige prestar especial atención en nosotros mismos y en el efecto que buscamos conseguir en quien, o quienes nos escuchan; ahora, imagina cómo sería tu vida si cada que te comunicaras, lo hicieras con total consciencia de ti mismo, eligiendo exactamente qué palabras usar, con qué ritmo hablar, incluso las pausas y los movimientos con los que vas a reforzar tu comunicación verbal, para llegar a una reacción, a una reflexión, o a cualquiera que sea tu objetivo.

¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo complejo y maravilloso que resulta este proceso?, te invito a hacerlo ahora. 

Hoy podemos intercambiar ideas a través del habla, casi de forma mecánica, pero para llegar a esto, le tomó al hombre actual más de 50,000 años el poder emitir sonidos y fonemas con un significado. Ahí, conocimos el primer gran indicio de la consciencia en el Homo Sapiens, comprendiendo este concepto, como la capacidad del ser humano de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento. Pero antes de que ocurriera este extraordinario evento, nuestros antepasados debían interpretar sonidos como gruñidos, gritos, onomatopeyas y  fonemas aleatorios sin un sentido lingüístico, para comunicarse entre ellos, así como aprender a interpretar las señales que su entorno les brindaba para poder sobrevivir en un ambiente salvaje y desafiante.

De esta manera, la especie humana, desarrolló un gran sentido al descifrar los datos que le brindaba el medio ambiente para alimentarse, refugiarse, reproducirse y protegerse en las mejores condiciones. Gracias a nuestro sentido de comunidad, se formaron las primeras sociedades de homínidos, quienes rápidamente notaron que cada vez era más apremiante desarrollar un sistema de comunicación que les ayudará a fortalecer los esfuerzos por sobrevivir, hasta que logramos idear todo un sistema de fonemas vocálicos y consonánticos que, cada vez más, se fue enriqueciendo y evolucionando de tal manera, que hoy en día existen 7,000 idiomas reconocidos en el mundo. 

Ya que como especie, llevamos muchos años de ventaja interpretando las señales para nuestra supervivencia, hoy en día, te sorprendería saber la cantidad de información inconsciente que interpretamos segundo a segundo, y que bombardea a nuestro cerebro en un feedback imperceptible de emisión y recepción de información, a tal grado, que nuestro cuerpo comunica el 80% de lo que pensamos sin que tú seas consciente de ello, así mismo, la comunicación no verbal, comprende entre el 60 y el 80% de nuestra comunicación en general. Es en este punto, donde nos ponemos a pensar en una verdad bien sabida por todos, no es el qué, sino el cómo”, es decir, no se trata de las palabras, sino de la forma en que las dices. Recuerda, absolutamente todo comunica.

Entender este punto, es crucial para comenzar a comunicarte con consciencia, para generar cierto efecto en tu discurso. Seguramente estás preguntándote cuáles son esos aspectos que debes considerar en el camino de la expresividad consciente, pero antes de mencionarlos, quiero hacer énfasis en la importancia de tomarnos a nosotros mismos como objeto de estudio en todo momento, debemos ser el foco de nuestra observación, sin juzgarnos, solamente prestando atención sobre nuestros pensamientos y acciones. Algunos de estos aspectos que considero más importantes, para despertar consciencia a través de la comunicación, son los siguientes:

  • Proxemia 
  • Ritmo y Velocidad
  • Dicción
  • Intensión

Proxemia:
En definición, se conoce como “Proxemia” (proxémica) a la parte de la semiótica (ciencia que estudia el sistema de signos empleado en la comunicación) dedicada al estudio de la organización del espacio en la comunicación lingüística; más concretamente, la proxemia estudia las relaciones de proximidad y  alejamiento, entre las personas y los objetos durante la interacción, las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico. Asimismo, pretende estudiar el significado que se desprende de dichos comportamientos. En pocas palabras, nos ayuda a definir cómo me expreso, conforme al sujeto o sujetos que me escuchan. Por ejemplo, no es lo mismo presentarte ante tu nuevo jefe en el trabajo, que presentarte ante una multitud de 100 individuos; en ambos casos debes considerar el volumen con el que hablarás, las palabras que vas a utilizar, los movimientos que van a reforzar el discurso, los aires con los que apoyarás la intención del mismo, etc.

En una relación de camaradería, la proxemia es muy cercana, y nuestro cuerpo emite señales claras de afecto y acercamiento, y específicamente en la voz, empleamos el uso de nuestro resonador natural, de aires cálidos para expresar confianza y cariño, un ritmo moderado, y palabras cariñosas, mientras que al dirigirnos a una audiencia en una sesión virtual, la proyección de nuestro lenguaje verbal y no verbal debe ser muy diferente, desde la intensidad y potencia de mi voz, hasta el soporte de mi gesticulación en congruencia con mi discurso, la dicción debe ser perfecta, y mi atención debe ser plena.

Ritmo:
Es muy importante dejar en claro la diferencia entre el ritmo y la velocidad al hablar, aunque estén ligados de tal manera, que una depende completamente de la otra. Esta diferencia, radica en que el ritmo tiene que ver con la velocidad en que pronunciamos cierto número de sílabas en determinado tiempo, mientras que la velocidad, se refiere a la rapidez en que pronunciamos los diferentes fonemas vocálicos y consonánticos que conforman a estas sílabas una a una, en una palabra. 

Por lo que, cuando hablamos de ritmos, determinamos que es lento, medio o rápido. Para darte una idea más clara, en nuestro español neutro, decimos un promedio de dos palabras por segundo, o sea, en aproximadamente 110 por minuto, a esto le llamamos un ritmo medio o normal; pero ¿qué pasa con el porcentaje de hispanohablantes que hablan con demasiada rapidez? resultan tener poco impacto con su expresión, ya que no consiguen ser claros, lo que no genera confianza y seguridad en el oyente. Estas personas, por lo regular, son muy inseguras de sí mismas y lo proyectan. Por ello, es sumamente importante, detectar el ritmo con el que hablo y en todo momento tener claro qué es lo que quiero proyectar. Toma en cuenta que las personas con ritmo lento, más que generar intriga en el discurso, suelen aburrir a las audiencias; considera un parámetro entre ambos extremos y parte de ahí.

Cuando discutimos la importancia del ritmo y la velocidad, es inevitable darnos cuenta de la relevancia que tienen las pausas como una herramienta dentro del discurso, que nos puede llevar a la reflexión, a la enfatización de ideas, o incluso, a ofrecerle dramatismo y emotividad a tu discurso. Todo depende del efecto que busquemos en nuestro público y en nuestra habilidad para implementarlas de manera adecuada.

Dicción:

Increíblemente la dicción y la velocidad, están profundamente relacionadas, ya que, si bien recuerdas, ritmo y velocidad son dos conceptos diferentes, la velocidad nos indica la rapidez en que pronunciamos las sílabas, lo que la divide en velocidad silábica, media y compactada; a grandes rasgos, corremos el riesgo de no articular correctamente los fonemas, ocasionando una baja comprensión de quien te escucha, y por tanto, la pérdida de interés de los escuchas sobre tu discurso.

En el entendido que la dicción, en definición, es la correcta articulación de los sonidos al hablar, debemos saber que a mayor velocidad del habla, menor calidad de pronunciación, lo que ocasiona una dicción pobre y transmite inseguridad e incomodidad. Encuentra la velocidad apropiada, respira por la nariz en todo momento y abre bien la boca. Tener en cuenta estas cualidades, te ayudará a darle claridad a tu pronunciación, e incluso te ayudarán a mantener un ritmo adecuado al expresarte.

Intención:

Este, tal vez, es el punto más importante en el desarrollo de consciencia en un discurso, ya que nos lleva a la pregunta más importante ¿Qué efecto queremos lograr en nuestra audiencia? a esto le llamamos intención comunicativa, y se refiere al objetivo que perseguimos al emitir un mensaje; bajo este argumento, entonces es necesario saber con qué características debemos estructurar dicho mensaje, para que su efectividad sea completa. 

Por eso, es de suma importancia que tengamos en cuenta todos los factores anteriores, para cumplir con nuestra intención al 100%. Te sorprenderá saber que el psicólogo y profesor de la UCLA Albert Mehrabia, establece que sólo entre el 7 y 9% de lo que decimos es realmente escuchado por el otro. Todo lo demás es comunicación no verbal. Por eso, es bueno conocer cómo funciona el lenguaje corporal y utilizarlo para mejorar nuestra comunicación potencialmente, o bien, para saber cuándo el otro no está recibiendo nuestros mensajes como queremos.

La intención, será la dirección de tu discurso, la luz que te guía a la conclusión, incluso cuando sientas que te has alejado, mantenlo siempre en mente y regresa, esa es la forma de aportar lo más posible al desarrollo y planteamiento de cualquier tema.

Y bien, llegamos a la conclusión de un tema que podría darnos suficiente de que hablar, tanto, que podríamos escribir un libro por su complejidad y vastedad. Pero lo que quiero rescatar antes de despedirme, es que no importan tu nivel académico, ni tu estrato social, mucho menos tus creencias personales; todos somos capaces de reconocernos bajo la lupa de la consciencia, y si logramos tener en mente que solo contamos con el momento presente, entonces, no podremos darnos el lujo de desperdiciar un solo instante para dar lo mejor posible; ya que nuestra atención plena está sobre la actividad que realizamos en el AHORA, logramos aumentar las posibilidades de conseguir la excelencia en cada acto.

Te invito a que vivas el proceso de comunicación, como un sistema de auto-observación, que te traiga al momento presente cada que te expreses. Si aplicas este consejo tanto como te sea posible recordarlo, llegará un momento donde no tendrás que pensar en observarte, ya que será una percepción mecánica, y como resultado, obtendrás relaciones de mayor calidad, más oportunidades laborales y una expresión basada en comunicación efectiva y afectiva que te llevará al auto-descubrimiento y al crecimiento exponencial personal y profesional.


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